Carlos de España

Carlos de España

El conde de España, xilografía de Arturo Carretero, 1886. Museo Zumalacarregui
Información personal
Nombre de nacimiento Roger-Bernard-Charles d'Espagnac de Ramefort
Nacimiento 15 de agosto de 1775
Ramefort (Alto Garona)
Fallecimiento 2 de febrero de 1839
Orgaña (Lérida)
Información profesional
Ocupación Militar
Cargos ocupados Virrey de Navarra (1823)
Capitán general de Aragón (1824-1825)
Capitán general de Cataluña (1827-1832)

Carlos de España, de Cominges, de Couserans y de Foix (Castillo de Ramefort, Alto Garona, 15 de agosto de 1775-Orgaña, 2 de febrero de 1839), fue un militar francés al servicio de España, conocido por su título nobiliario de conde de España (1819). Se distinguió en la Guerra de Independencia y al servicio del rey Fernando VII durante la restauración absolutista.

Biografía

Nacido Roger-Bernard-Charles d'Espagnac de Ramefort, era hijo del marqués Henri d'Espagnac, coronel y senescal de Couserans-Comminges-Nébouzan. Descendiente de los condes soberanos de Cominges, vizcondes de Couserans y condes de Pallars por línea paterna, y de los condes soberanos de Foix por línea materna. Era marqués de Espagne y barón de Ramefort en Francia.

En 1791, la familia huyó del terror revolucionario, instalándose en Palma de Mallorca en 1793. En 1792 Carlos de Espagne sentó plaza en el Ejército español, en el que llegaría a general. Participó en las batallas de Bailén y Arapiles.

A la entrada de los aliados en Madrid (agosto de 1812) fue nombrado gobernador de la plaza, y después participó también en la batalla de Vitoria, en el bloqueo de Pamplona (en el que resultaría herido) y en la batalla de Sorauren, entre otras.

Muerte de Carlos de España: «Le ataron una piedra al cuello y lo arrojaron al río». Ilustración de Vicente Urrabieta y Carnicero para la novela de Francisco José Orellana, El conde de España o La inquisición militar: historia-novela contemporánea, Madrid, Librería de León Pablo, 1856.

Al terminar la guerra, se negó a volver a su país y se puso incondicionalmente al lado de Fernando VII para reprimir el liberalismo. El rey españolizó su apellido, le otorgó el título de conde de España, con grandeza de España, y el título de vizconde de Couserans. Desempeñando el cargo de gobernador militar y político de Tarragona se produjo el pronunciamiento de Riego. Llamado a Madrid, la guarnición aprovechó su ausencia para unirse al alzamiento y, tras su triunfo, el 22 de marzo de 1820 España juró la Constitución de 1812 y marchó con su familia a Mallorca, donde encontró dificultades para desembarcar, acusado de servil. En 1822 se exilió a Francia y recorrió Europa tratando de encontrar apoyos para la intervención militar que restaurase el absolutismo en España. Participó en el Congreso de Verona y el 7 de abril de 1823 entró en España con las tropas del duque de Angulema. La regencia establecida en Oyarzun y presidida por el general Eguía lo nombró virrey y capitán general de Navarra. Tras cinco meses de bloqueo, el 16 de septiembre logró la capitulación de Pamplona. En mayo de 1824 fue nombrado capitán general de Aragón, cargo en el que permaneció hasta junio de 1825, cuando pasó a comandar la Guardia Real de Infantería.[1]

Enviado a sofocar la rebelión del general Jorge Bessières, sublevado al grito de «¡Viva el rey y la religión!», el 26 de agosto de 1825 y por orden expresa del rey lo pasó por las armas en Molina de Aragón junto con los siete oficiales que le habían permanecido fieles.[2]

Al estallar en Cataluña el levantamiento de los agraviados —guerra dels malcontents— en julio de 1827, España fue nombrado por Fernando VII capitán general del Principado, logrando un rápido éxito en la represión del alzamiento, con la asistencia del propio monarca. Posteriormente se encargó de reprimir las conspiraciones de los liberales, ejecutando a treinta y tres de ellos e instaurando un auténtico régimen de terror desde su cuartel general en la Ciudadela de Barcelona, fortificación odiada por los barceloneses porque simbolizaba la represión de sus derechos seculares. Su crueldad en el gobierno del Principado hizo que se le conociera como El Tigre de Cataluña.[3][4][5]​ Hacia el final del reinado de Fernando VII, reprimió tanto a liberales como a los incipientes «carlistas»,[6]​ pero temiendo el Gobierno que por sus ideales absolutistas pudiese acabar favoreciendo la causa del infante don Carlos en diciembre de 1832 fue cesado del cargo de capitán general de Cataluña y marchó a Mallorca, de donde, tras recibir amenazas de muerte, se fugó a Francia.[1]

Más adelante, tras la muerte de Fernando VII en 1833, se puso del lado del pretendiente Carlos María Isidro de Borbón durante la primera guerra carlista y tras cruzar la frontera en marzo de 1838, comandó a los carlistas catalanes. Murió asesinado en 1839 cerca de Orgaña, en el puente de Espiá, por su propia escolta y de acuerdo con las instrucciones de los principales jefes carlistas en Cataluña, poco antes del Convenio de Vergara, pues consideraban que estaba dispuesto a rendirse a Espartero.[7]​ Su cuerpo, y sobre todo su rostro, fue desfigurado y lanzado con una piedra atada al cuello al río Segre.[8][3]

Familia

Casó con Dionisia Rosiñol de Defla Comellas y Villalonga (Dionisia Rossinol de Defla Comellas Mayol de Villalong), hija de Miguel Rosiñol de Defla y Contesti, y de Inés Comellas y Villalonga. Tuvieron un solo hijo: José de España de Couserans de Commiges y Rosiñol (f. 1847), II conde de España y I vizconde de Couserans.[9]

Véase también

Referencias

  1. a b Bullón de Mendoza y Gómez de Valugera, Alfonso, «Carlos de España», Diccionario biográfico español, Real Academia de la Historia.
  2. La Parra (2018), p. 527.
  3. a b Artículo en El País sobre Carlos d'Espagnac
  4. Vicente de la Fuente, Historia de las sociedades secretas, vol. I, p. 355
  5. Vicente Blasco Ibáñez en Historia de la revolución española (desde la Guerra de la Independencia a la Restauración en Sagunto), Barcelona, La Enciclopedia Democrática, 1891, vol. 2, pp. 489-492, dice, de su actuación al frente de la capitanía general de Barcelona, que «las prisiones fueron tantas que a los pocos días aterrorizaron a la capital; los esbirros lo mismo prendían a un ciudadano a la luz del día y en medio de la calle, que iban recatándose en las nocturnas sombras a tocar a su puerta, y era interminable el coro de sollozos, lágrimas y alaridos que salía del pecho de tanta esposa, hija o madre que veía cómo la inquisición del conde de España le arrebataba implacable el ser más querido».
  6. Calbo y Rochina de Castro, Dámaso (1845). Historia de Cabrera y de la Guerra Civil en Aragón, Valencia y Murcia. Madrid. p. 450. 
  7. Guzmán de León, Antonio (1868). El último Borbón. p. 609. 
  8. Alcalá, César (29 de junio de 2022). «La cabeza perdida del Conde de España». El Debate. Consultado el 4 de agosto de 2026. 
  9. «Inicio». Diputación de la Grandeza y Títulos del Reino. Consultado el 4 de agosto de 2026. 

Bibliografía

Enlaces externos

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